Nací el 28 de Octubre de 1956, en Ojo de Agua de Crucitas Municipio de Palo Alto Estado de Aguascalientes siendo el noveno de una numerosa familia de trece hermanos, mi Padre el Sr. Juan Zavala Reyes, mi Madre la Sra. Crescenciana Rodríguez Segovia, ambos oriundos del mismo lugar.
Viajábamos siempre cada año de Aguascalientes a Ocotlán Jalisco, debido al trabajo de mi papá ya que en tiempo de lluvias estábamos en Aguascalientes  y en tiempo de secas en Ocotlán.

Mi niñez  fue como la de cualquier otro niño con muchos amiguitos que jugábamos desde canicas, trompos, etc. Nunca había tiempo de asistir a la escuela ya que siempre había que hacer en la casa. El ir y venir de un lugar a otro no nos permitía asistir a la escuela. Desde muy pequeño, acompañaba a mi papá a su trabajo, al cumplir la edad de nueve años me aceptaron en el trabajo en el campo, para abonar, quitar hierva a las plantas de maíz, trigo, maíz, mijo entre otros productos del temporal.

A mis doce años de edad no sabía leer ni escribir. Y así pasó mi niñez; entrando a la adolescencia entre juegos y pequeñas responsabilidades encomendadas por mis padres, hasta casi cumpliendo los trece años, el 25 de Septiembre de 1969, recuerdo que mi papá me dijo que les llevara de comer a mis hermanos que estaban trabajando en el campo con el Sr. Pedro Salcedo, recuerdo que desde muy temprano le preguntaba a mi mamá que si ya estaba la comida lista para llevarles a mis hermanos y me decía que era muy temprano, pero por fin llegó la hora esperada para llevar el lonche.

Dos primos iban conmigo, Roberto y Trino Pérez que también les llevaban de comer a sus hermanos, llegamos sin novedad a nuestro destino; después de que comieron, de regreso a casa, empezamos a jugar en el agua, era tiempo de lluvias; recuerdo que teníamos que pasar por una cerca de alambre, pasaron primero mis primos y luego al pasar yo, toque unos cables eléctricos de 440v que estaban atados a los alambres de la cerca, entonces yo sentí que me sujetaba la mano derecha y quise quitármelo con la izquierda pero no me fue posible y así pasó no se cuanto tiempo hasta que pude salir del alcance de los cables.

Al reaccionar del impacto, y no estaban mis primos, habían ido a avisarle a mis hermanos, ya que no estaban muy retirados del lugar del accidente, recuerdo que había un canal de desagüe, me incline y tome mucha agua pues sentía mucha sed, después camine hacia la vía pero no pude llegar, me sentía muy agotado para continuar y me senté en una roca que estaba a un lado del camino y ahí me encontraron mis dos hermanos y mis primos, recuerdo que me subieron a una camioneta y me llevaron a la cruz roja de Ocotlán, donde me hicieron curaciones leves, esto sucedió un jueves 25 de septiembre, el viernes 26 me trasladaron al Hospital San Vicente del mismo lugar, al medio día me trasladaron a la Cd. de Guadalajara al Hospital Civil, donde no hubo ninguna intervención médica ya que era fin de semana y no había servicio médico, hasta el lunes 29, pero era demasiado tarde, ya que mis extremidades superiores estaban invadidas de gangrena y tuvieron que recurrir a la amputación. Estuve en coma una semana sin saber lo que pasaba en mi alrededor, sin embargo en mi inconsciencia tuve una hermosa experiencia, ví a un hombre de piel obscura a mi lado y recuerdo que me dijo que no me iba a morir, llevaba un canastito lleno de hierbas y mi mamá es muy devota de san Martín de Porres y es posible que haya sido él.

También por un momento mi alma se despego de mi cuerpo y de pronto ví médicos y enfermeras corriendo inyectando mi cuerpo y de pronto me sentí en un lugar de belleza incomparable, en un prado muy verde con pichones blancos y a lo lejos se veía una puerta con una luz muy brillante que se abría como invitándome a entrar y de pronto  volví a donde estaban atendiendo mi cuerpo, ahí estuve tres meses completos, todo ese tiempo que estuve hospitalizado siempre estuvo mi papá, se turnaban con mis hermanos nunca me dejaron solo, recuerdo que mi mamá cada que podía iba a visitarme y siempre me preguntaba que cómo estaba y siempre le decía que bien.

Por fin llegó el momento esperado de que me dieran de alta, era en vísperas de Navidad y yo estaba feliz porque iba a regresar a casa con mis papás y mis hermanos a Cuitzéo Jalisco  donde vivíamos.

Al llegar me visitaron mis amigos, mis parientes y algunos curiosos que querían ver como estaba y como había quedado, debido a los comentarios que escucharon de la amputación de mis extremidades superiores; creo que se lamentaban más ellos que yo por dicha pérdida.  Mi familia y yo  gracias a Dios estábamos contentos de haber regresado a casa otra vez juntos; así pasó el tiempo, recuperándome poco a poco, mis amigos de juegos nunca me abandonaron siempre me iban a buscar para jugar, en algún juego donde yo pudiera participar, en el año 1970 conocimos a la sra. Guadalupe Cuellar que hacía costura para la sra. Alicia esposa del ing. Ulrich M.Sander que trabajaba para la  compañía Celanese Mexicana, la sra. Guadalupe le comentó de mi caso al ingeniero, le dijo que le gustaría conocerme y nos presentaron, me dijo que vería la posibilidad de ayudarme a que me pusieran prótesis y habló con el ing. Federico Ortíz Albares que trabajaba en la misma compañía en la Cd. de México y en coordinación, las dos familias realizaron todos los trámites necesarios para mi ingreso al centro de recuperación en Tlanépantla estado de México

Para continuar,  lo siguiente no fue nada fácil ya cuando estuvo todo preparado para mi ingreso al centro de rehabilitación en la ciudad de México le avisaron a mis papás del día y la hora en que habríamos de salir a dicha ciudad, recuerdo que un domingo por la noche llegaron el ing. Sander y su hijo por mi , mi papá me acompañó, llegamos a la ciudad de México el lunes por la mañana a casa del ing. Federico Ortiz y su  apreciable esposa la Sra. Herla Luna e hijos.

Estuvimos unos días en casa de la familia Ortiz Luna mientras se aceptaba mi ingreso al centro de rehabilitación, al estar todo en orden, me llevaron y me quedé solo, mi papá se regresó a Cuitzéo con mi mamá y mis hermanos, al quedarme solo me sentí muy triste y algunas veces lloraba, nuca me había separado de mi familia; así paso el tiempo y poco a poco me iba acostumbrando, con las atenciones del personal de dicho centro me fui sintiendo mejor pero aún así deseaba estar con mis papás.

Ahí había varios talleres para hacer ejercicios ya que es un centro para personas con diferentes discapacidades, había sala de mujeres, de hombres y de niños en la cual estaba yo, después de dos meses me dijeron que tenia que ir a la escuela que en qué grado estaba en mi pueblo y recuerdo que con un poco de pena les conteste que no sabía leer ni escribir ya que en dicho centro contaba con escuela primaria y secundaria para que siguieran estudiando los internos.

Por fin llegó el día de ir a clases, la maestra era una persona joven y no nos hacia mucho caso porque muy de mañana llegaba el novio y se salía a platicar fuera del salón de clase, entonces recuerdo que pasó como una semana y le dije a la jefa de enfermeras. Así pasó el tiempo casi un año y al andar por los talleres me detuve a ver un grupo de personas que estaban pintando y se acercó la maestra y me preguntó: ¿te gustaría aprender a pintar? y le contesté emocionado que sí y recuerdo que me dijo ¿y con qué vas a sujetar el pincel? yo le contesté: con la boca, ya se escribir sujetando el lápiz con la boca y me dice: muy bien, te espero el próximo martes a las diez de la mañana para iniciar.

Yo llegué a la sala donde estaba y le platiqué a mis compañeros y la enfermera en turno que se llamaba Irma que iba a ir a clases de pintura y recuerdo que les dio mucho gusto y todos me felicitaron por mi nuevo proyecto de aprender a pintar.

Regresé a Cuitzéo Jalisco con mis papás y mis hermanos en 1971, me inscribieron en la Niños Héroes, primaria del mismo lugar en donde me hicieron un examen para tercer grado, lo aprobé y fui aceptado en el cuarto grado, todos mis compañeros de grupo no me vieron como algo raro porque escribía sujetando el lápiz con la boca, todos fueron magníficos compañeros siempre estuvo bien, sólo que no tenia maestro para mis clases de pintura el cual no fue ningún problema porque yo continúe pintando sin maestro. Terminé mi educación primaria en 1974.

En julio del mismo  año hice mis trámites para ingresar a la secundaria, la cual se encontraba en Ocotlán como a dos y medio kilómetros de Cuitzéo que era donde yo vivía (escuela secundaría Benito Juárez ) el Director y dueño de dicha escuela el Sr. Raúl Topete Gómez, el cual era una finísima persona.

Llegó el momento del cambio de escuela, de compañeros y de maestro ya que ahí era un maestro para cada asignatura, al llegar al salón el primer día de clases, no vi caras conocidas, todos los que estaban ahí eran nuevos para mi, aún así nunca me detuve para entrar y saludar, busqué un lugar para sentarme, luego se me acercó un compañero y me dijo que si me ayudaba en algo y yo le respondí que no que todo estaba bien gracias que yo le decía si necesitaba algo.

Llegó el primer maestro y tomó lista y cada uno al nombrarnos nos poníamos de pie para decir presente, al terminar de nombrarnos nos dijo que nos iba a dictar, entonces me ve a mi y me dice: ¿y tú con qué vas a escribir? y de pronto le contesté que yo escribía con la boca, bueno todos se voltearon  a donde yo me encontraba y se  quedaron viendo como tomaba la pluma con mi boca y empezaba a escribir, luego escuché el cuchicheo de que sí podía escribir, el maestro continuamente me preguntaba que si podía seguir con el dictado y yo le contestaba que sí, al terminar la clase algunos compañeros fueron a mi lugar para ver como había quedado mi escritura y otros para felicitarme y para ofrecerme su ayuda y así paso ese mi primer día de clases en la secundaria y así sin novedades pasó el primer año de clases, continúe estudiando y pintando sin ayuda de maestro, algunos de mis trabajos que realizaba no me gustaban, algunas veces los borraba otras los rompía porque no era de mi satisfacción y volvía a empezar con el mismo tema o con uno nuevo.

Después de unos meses, el Ing. Sánder me recomendó con el Sr. Jesús Barajas Sandoval que también trabajaba para la compañía Celanese, quien me localizó y me invitó a su casa para guiarme en dibujo y pintura, ya que él había  estudiado en la escuela de artes Plásticas en la Cd. de Guadalajara.

Y así estuve tomando clases en su casa, me enseñó a clasificar los colores de acuerdo a su tono de intensidad, en colores fríos y colores calientes, también las mezclas para obtener un color secundario.

Mis conocimientos se fueron ampliando y conforme pasó el tiempo fui adquiriendo más práctica y mejorando mi técnica, también me tuve más confianza para seguir estudiando la secundaria. Y así  pasó ese año escolar, asistiendo a clases de pintura, estudiando mi secundaría e impartiendo las clases de educación artística a mis compañeros de grupo. Al finalizar el año escolar, yo decidí la calificación de cada compañero, por cierto me porté bien con todos.

Aproximadamente a mediados del ciclo escolar llegaron unos estudiantes de la escuela normal para realizar un mural en el auditorio de la escuela y me invitaron a realizar dicho mural que tenía el título de “el ojo de la sabiduría” el cual estaba constituido por figuras humanas, árboles, figuras geométricas, libros y caminos que llevaban a un ojo que estaba localizado al centro del mural.
Y así concluyó el tercer grado de secundaría, algunos compañeros no continuaron estudiando, otros se inscribieron en escuela técnica y otros nos inscribimos al bachillerato.

Esta etapa de mi vida no hubiera sido posible sin el apoyo de una gran mujer que siempre estaba al pendiente de mis necesidades físicas y ese amor incondicional que solo la madre sabe dar.

Ella que siempre me esperaba para darme de comer cuando me iba a ir a la escuela, que siempre fuera limpio del cuerpo y de ropa, nunca me faltó ese gran amor que todo lo puede y que no hay nada imposible que ella no lo pueda lograr.

A ella que al estar escribiendo estas líneas que salen de un corazón muy agradecido con Dios y a mi madre que siempre estará a mi lado y será esa gran amiga que estaré orgulloso de presentar a mis amigos y a todo el mundo que no hay otra madre como la mía.

Llegó la fecha de las inscripciones para el ingreso al bachillerato los cuales tenían que hacerse en la ciudad de Guadalajara ya que la preparatoria era incorporada a la Universidad de Guadalajara.

Pase a cursar el tercer semestre de bachillerato yo seguía pintando sólo hasta que un día entré a la casa de la cultura que quedaba cerca de la escuela y me llevé la sorpresa cuando vi que ahí impartían clases de dibujo y pintura con los maestros de pintura el sr. Marcos Iñiguez Romero y de dibujo él Sr. José Luís Martínez.

Después de un momento me preguntaron que qué hacía, les dije que estudiaba el bachillerato y que también pintaba un poco, que había estado estudiando pintura con Jesús Barajas y que pintaba con la boca. Entonces me invitaron a formar parte de su grupo, ahí empecé a participar en exposiciones colectivas esto fue en 1978 y así continúe estudiando mi bachillerato y pintura, participando en exposiciones en la misma casa de la cultura de Ocotlán y en los estados de Michoacán y Jalisco donde se realizaban intercambios culturales, ya que la casa de la cultura de Ocotlán está afiliada a Artes Plásticas de Jalisco.

Así continúe mi vida estudiando mi bachillerato y cuando podía, asistía a clases de pintura a la casa de la cultura, participando en exposiciones colectivas con los compañeros y los maestros.

Terminé mi bachillerato e ingresé a la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Guadalajara, en la misma ciudad de Guadalajara Jalisco, donde con mucho trabajo y dedicación me gradué como ingeniero mecánico electricista.

En Noviembre de 1987 conocí al Sr. José Moreno (finado), quien me dio una descripción de la Asociación de Pintores con la Boca y con el Pie, quien también pintaba con la boca y pertenecía a la Asociación; al ver mi trabajo dijo que era de buena calidad y me dijo que si quería, podía solicitar mi ingreso a la  Asociación que él me decía a dónde y cómo hacerlo, lo que hice de inmediato enviando 5 de mis obras.

En Marzo de 1988, el sr. José Moreno acudió a mi casa en Cuitzéo para notificarme que había calificado y me habían aceptado como becario en la Asociación.

Me dio mucha alegría el haber ingresado a la Asociación fue una bendición para mi, desde ese momento tuve mayor tranquilidad y tiempo para pintar.
En Diciembre de 1998 me case con la Sra. Bertha Neri Martínez que ha sido una gran mujer y compañera en mi vida lo cual doy gracias a Dios por haberla encontrado y compartir su vida con la mía.

Pude ejercer mi carrera como profesionista de 1990 a 1998 en la compañía Celanese Mexicana S.A. de C.V., en Ocotlán Jalisco, después de 1998 pude dedicarme ya de tiempo completo a la pintura y así obtener una mejor técnica y calidad en mis trabajos.

Actualmente tengo un taller de arte en mi casa donde puedo transmitir mis conocimientos a otras personas discapacitadas y no discapacitadas.

Así he logrado aprovechar las muchas oportunidades que nos da la vida  para aumentar nuestra autoestima y el amor a los demás.

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