Martha Olivas Torres

Pintora con la boca

Mi nombre es Martha Olivas Torres, tengo 33 años de edad, nací el 15 de diciembre de 1983 en la Ciudad de México en el hospital Centro Médico Dalinde, presento una discapacidad física, parálisis cerebral, la adquirí desde mi nacimiento. Mis padres son Rosalío Olivas Guzmán y Martha Margarita Torres Salas, tengo tres hermanos que son Felipe, Arturo y Julio,  están casados y tienen hijos, en total tengo 6 sobrinos.

Cuando nací no tuve un suministro adecuado de oxígeno, por lo que no respiré, no lloré y tenía mi cuerpo de color morado. Durante 13 días tuve cuidados especiales, me alimentaban por mis venas y los médicos le anunciaron a mi mamá que debía proporcionarme cuidados especiales, porque seguramente sufriría secuelas.

A los 8 meses en el Centro de Rehabilitación de Tabasco le dieron la noticia: tenía parálisis cerebral infantil tipo espástica-atetósica. Según la doctora, mi condición era severa, sin dar muchas explicaciones; también le dijo a mi madre que era muy difícil mi desarrollo motriz normal. Pero desde ese momento dio inicio mi tratamiento. Fue muy intenso. Mi madre buscó la orientación de los terapistas físicos.

Para esto, cuando tenía 2 años, mi familia se cambió de ciudad, a Mazatlán, por varios motivos, llagamos a la casa de mi abuela paterna. Primero mi mamá buscó un lugar donde continuar con mi tratamientode terapias físicas, era un tratamiento duro, mi madre estaba en todo momento conmigo, además de cuidar a mis otros hermanos, hacer los laborales de la casa y ayudar a mi padre en el empleo.

Una psicóloga le recomendó leer el libro de Gabriela Brimmer, una joven con parálisis cerebral quien toda su vida luchó por la aceptación de los jóvenes con discapacidad.

A partir de ahí se convirtió en un ejemplo muy grande para mi madre y de ahí le nació la inquietud del futuro mío: ¿podría estudiar cómo ella? Entonces fue cuando decidió dejar de ir a todas las instituciones y llevarme a la escuela de educación especial. Creo que esto fue un gran acierto, ya que de ahí en adelante se dieron cuenta que yo era capaz de realizar las actividades como cualquier niño de mi edad, como asistir a la escuela, tener amigas, jugar, ir a fiestas, al cine, a la playa; en fin, darme la oportunidad de crecer dentro del medio y adaptarme a él.

A los cuatro años y medio ingresé a la Escuela de Educación Especial en el nivel preescolar, asistía por la tarde. Un día mi madre conoció al maestro Enrique Martínez, terapeuta de lenguaje del Centro de Atención Múltiple (CAM) 18 y director de una primaria, quien le preguntó por mí y le recomendó que me llevara a la escuela primaria regular, que él me aceptaría. Y así sucedió, al concluir mis estudios del nivel preescolar, los maestros observaron mis avances y mi evolución. El maestro Enrique Martínez, que creyó en mí, me aceptó en la escuela primaria.

Al llegar el día, me ubicaron en una escuela regular que contaba con apoyo de la Unidad de Servicios de Apoyo a la Educación Regular (USAER); ahora el reto era que yo no controlaba todavía el tronco y no me mantenía sentada, por esto el director de la USAER pensó en hacer un experimento, mi madre se quedaría en el salón conmigo durante todo el horario para apoyarme en el trabajo en clase. Pienso que esto fue un gran acierto porque la maestra de grupo daba su clase y mi mamá trabajaba conmigo, porque aún no podía hacerlo por mí misma.

Al terminar el año escolar, tuve que cambiarme de centro educativo que quedara más cerca de mi casa, fue así que en la escuela primaria Melchor Ocampo estudié de segundo a cuarto grado de primaria, mi mamá me llevaba cargando y ya no pudo porque crecí y se cansaba mucho. En quinto año acudí a otra primaria porque nos cambiamos de casa, la escuela se llama Petróleos Mexicanos, los grados de quinto y sexto tuve al mismo maestro.

Quise seguir estudiando la secundaria, fue un nuevo reto pues fue necesario buscar una escuela en donde me aceptaran, la secundaria que me aceptó fue la técnica 77, en los tres años de secundaria escribía con la boca en una máquina de escribir eléctrica, salí de la secundaria con buenas calificaciones y continué con mis  estudios en la preparatoria José Vasconcelos, los maestros de educación especial me apoyaron para ingresar tanto a la secundaria como a la preparatoria. En la preparatoria ya no escribía con la boca, lo hacía con un aditamento con la cabeza como un unicornio, al principio en la máquina de escribir eléctrica, posteriormente en la computadora.

En el 2002 ingresé a la Universidad Instituto Tecnológico Superior Sinaloa en Ingeniería en Teleinformática,­ me gradué con mención honorífica y un año después estudié la Licenciatura en Psicología Educativa en la misma institución, un tiempo después ingresé a la nivelación pedagógica, además realicé varios diplomados y cursos en informática y  educación. Colaboré en dos diarios de la localidad, en el  periódico Noroeste empecé a colaborar en el año 2003 hasta el 26 de octubre de 2015 y en el Sol del Pacífico del 3 de junio de 2001 hasta el año 2004. En todo momento me apoyó mi madre en las diversas actividades que realizaba.

Siempre me ha gustado la pintura; sin embargo por mis estudios no tenía tiempo para desarrollarla, por lo que después de decidirme a dejar de escribir en mi columna en el periódico, lo que era muy cansado para mí, visité al pintor Blas Hernández (quien fue mi maestro de pintura en la preparatoria) para pedirle que me diera clases de pintura, él aceptó. Desde ese momento, me di cuenta de lo mucho que me gusta pintar, pues es una actividad que me relaja, tranquiliza, se me pasa el tiempo rápido y conozco a mucha gente que se han convertido en mis amigos, actividad a la que quiero dedicarme.

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