• Lazaro Leon Pavana
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    Fecha de nacimiento: 11.06.1978
  • Lugar de nacimiento: Epazoyucan, Hidalgo
  • Becario de la AAPBP desde: 2009
  • Tipo de pintura: Pintor con pie

Nací con una Distrofia Congénita en mis miembros superiores, enfermedad que me limitó en mi desarrollo físico y de convivencia en general.

Como desde chico no pude hacer uso normal de mis brazos y manos, se me hizo muy natural utilizar mis pies no sólo para caminar, sino para hacer todo tipo de tareas: comer, jugar y más tarde escribir y dibujar.

Mi ingreso a la primaria se retrasó un poco, porque en la escuela de mi comunidad no estaban convencidos de que pudiera integrarme al sistema de enseñanza que se les impartía a los otros niños, y porque a las maestras se les hacía muy difícil aceptar que yo podía escribir con el pie, pero cuando me aceptaron a los 8 años, verificaron que yo era capaz de responder a mis estudios.

Mi aprovechamiento fue tan normal como el de cualquier otro niño, pero particularmente era muy bueno dibujando.

Al cabo de seis años terminé mi primaria y al cumplir los quince años me inscribí a la secundaria en Santa Mónica, un pueblo distante a tres kilómetros de mi casa e iba y regresaba caminando. Ahí pude desarrollar mejor mi facilidad para el dibujo en el taller de Actividades Artísticas, ahí mis maestros siempre me alentaron a seguir adelante.

Por fin, en 1995 terminé la secundaria.

La preparatoria no pude continuarla, porque la situación económica de mi familia no lo permitía. Durante varios años me dediqué a ayudar en las labores del campo sin más pretensiones en la vida que sobrevivir día a día.

Siempre fue muy callado. En una ocasión que viajé a la capital de mi Estado, caminando cerca de la UAH Universidad Autónoma de Hidalgo, vi unos carteles convocando a los cursos de pintura en sus talleres de arte.

Venciendo mi timidez, entré a solicitar informes. Tuve la fortuna de ser recibido por personas muy amables que me mostraron las instalaciones y hasta me animaron a dibujar en unas cartulinas que pusieron en el piso. Todos quedaron muy sorprendidos por mi trabajo y me invitaron a inscribirme como alumno regular. Yo estaba muy interesado pero me detenía el no contar con dinero suficiente para comprar el material necesario.

Gracias a Dios, en la Universidad ofrecieron ayudarme y así pude entrar de nuevo a estudiar, pero ahora en lo que más me ha gustado siempre, la pintura.

Mis primeras clases las tomé a mediados de 1999 y tuve grandes avances en muy poco tiempo. El manejo y uso de la acuarela y el acrílico se me facilitó mucho y en unos cuantos meses ya estaba pintando mis primeros cuadros.

Como estaba por llegar el año 2000, en la escuela se organizaron varios eventos para su conmemoración. El taller de pintura presentó una exposición colectiva y ahí se incluyeron tres de mis trabajos. Alguien tuvo la idea de colocar una pequeña biografía junto con mis pinturas para destacar que habían sido realizadas con el  pie.

Días más tarde, el maestro del taller me llamó a su oficina y me entregó unos folletos de la Asociación de Pintores con la Boca y con el Pie, en la ciudad de México, que alguno de los visitantes a la Exposición había hecho llegar a la UAH.

Después de leerlos detenidamente, el maestro me convención de que debía conseguir una beca con la Asociación.

La verdad es que para mí aquello sonaba como un sueño, y me resultaba muy difícil creer que yo pudiera conseguir algo así, pero mi maestro me hizo comprender que nada perdería con intentarlo, y que ganaría mucho si lo lograba. Así que a principios del año 2000 envié algunas de mis pinturas y esperé algunos meses para recibir la respuesta.

Finalmente, en marzo del 2001, en la carta de la Asociación de Pintores, se me notificaba que había sido aceptado como becario.

¡Fue uno de los momentos más maravillosos de mi vida!

No podía expresar con palabras lo que ese logro significó para una persona como yo, había tenido hasta ese momento pocos motivos para sentirme agradecido con la vida.

Fue como si de pronto todo fuera diferente en mi alrededor y hasta yo mismo me sentía otra persona.

La ayuda económica que mensualmente recibo de la Asociación me permite seguir con mis estudios de pintura en la Universidad para mejorar la calidad de mis obras y a no depender de mi familia.

Poco a poco voy logrando un mejor reconocimiento como pintor y tengo la plena confianza de que lograré realizar mis sueños.

 

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