Perla-Fabiola-Espinoza-V
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  • Fecha de nacimiento: 25.07.1975
  • Lugar de nacimiento: Los Mochis, Sinaloa, México
  • Becaria de la AAPBP desde: 2000
  • Tipo de pintura: Pintora con la boca

Nací el 25 de julio de 1979, en Los Mochis, Sinaloa, México.

Mi infancia transcurrió de manera normal y crecí como cualquier otra niña asistiendo al kinder y después a la primaria.

Al estar en segundo año de primaria, comencé a notar ciertas molestias al caminar y dolores continuos en las articulaciones.

Mis padres se alarmaron, pues una de mis hermanas que se llama Yolanda, padecía de Distrofia Muscular Progresiva, así que de inmediato me llevaron al médico quien lamentablemente confirmó lo que mis padres también temían, también me diagnosticaron la misma enfermedad.

Aún teniendo 8 años, me daba cuenta cual sería mi futuro, ya que yo veía a mi hermana; los doctores intentaron por medio de tratamientos frenar el avance de la Distrofia, lo que me permitió seguir caminando por cuatro años más. Sin embargo, a los doce años sufrí una caída y desde entonces ya no volvería a usar mis piernas.

Desde 1991 tuve que moverme con una silla de ruedas. Terminé la primaria, pero después ya fue imposible seguir estudiando porque requería de transporte especial y mi familia no tenía los medios económicos suficientes.

El paso de los días durante varios años fue lento, monótono y aburrido. Al no poderme mover por mí misma, lo único que podía hacer era ver televisión, leer, oír música y quedarme sentada en mi silla de ruedas viendo como los demás adolescentes corrían y jugaban en la calle.

Cuando cumplí los 16 años, un familiar me trajo a la casa unos folletos del INEA (Instituto Nacional de Educación para Adultos), que explicaban cómo estudiar a través del sistema abierto. Así puede cursar la secundaria y continué con el aprendizaje básico de computación.

Como ya había perdido también la poca movilidad que tenía en los brazos, todas mis tareas las comencé a realizar con la boca.

Al principio fue difícil, pero con la práctica fui capaz de hacerlo e incluso en mis ratos libres me gustaba dibujar y colorear con crayones. Lo hacía sólo por gusto y porque a mis hermanos les gustaban mucho, pero sin pensar lo que este pasatiempo representaría en mi futuro.

Fue en 1998 que, paseando por la calles de mi ciudad, me crucé con otra muchacha que iba también en silla de ruedas. Nos detuvimos a platicar y me comentó que ella pintaba con la boca y que acababa de ser becada por la Asociación de Pintores con la Boca y con el Pie, de la Ciudad de México.

¡Ese fue un día espléndido para mí! primero por conocer a Lidia de Jesús Chaidéz, que ahora es una de mis mejores amigas y por enterarme de la existencia de la Asociación de Pintores, lo que le daba una esperanza a mis inquietudes como pintora.

Desde ese día Lidia se ofreció a enseñarme todo lo que ella sabía del manejo del acrílico y la acuarela.  Poco a poco fui asimilando la técnica de los pinceles y cómo expresar mi creatividad por medio de ellos.

A los pocos meses, Lidia me animó a enviar mis mejores pinturas a la Asociación para ver si era aceptada mi solicitud paras ser becada. Esperé casi un años la respuesta y al fin llegó a principios del año 2000.

Al leer la carta, no pude evitar llorar de felicidad. Creo que pocas personas podrán comprender lo que un reconocimiento así significa para una persona que ha estado por años imposibilitada para valerse por sí misma.

Se que en mi futuro hay mucho esfuerzo por realizar, pero me siento preparada para afrontarlo. Me casé y mi esposo me apoya decididamente a continuar superándome como persona y como pintora, pero la motivación más significativa es mi propia conciencia creativa que me alienta cada día a despertarme llena de optimismo y alegría por vivir.

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